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El vuelo de las cometas
Cuando llega la hora azul a Hong Kong, el cielo se apaga, los aromas a carne picante y a especias exóticas ascienden por el aire, las estrellas se transforman dentro del vaho tibio, se iluminan las calles de oro; y a los pies de los caóticos edificios, atestados de máquinas cuales madrigueras en colmenas, fluye el rojo de la fiesta y suenan los tintineos celestiales de las luces de neón.
El corazón de la ciudad, Kowloon City, late henchida de vida efervescente, con voces alegres y otras violentas, surtida de intensos pitidos que, en las alturas del descomunal bloque de apartamentos Check Bo House, se transforman en un rumor, casi casi en una áspera música que acuna al fatigado Guo Zhao Wun, quien se acuesta rememorando la risueña mirada de Shui Tsei, apenas unos minutos antes, despidiéndose con un gesto al vuelo de la mano; la elegancia de los cisnes en sus dedos y la seducción del cerezo en las uñas… Y, otra vez más, se esconde bajo las sábanas sin tener el valor de decirle, antes de que su negra melena se pierda tras la puerta del apartamento vecino, que su corazón late por ella.
El corazón de la ciudad, Kowloon City, late henchida de vida efervescente, con voces alegres y otras violentas, surtida de intensos pitidos que, en las alturas del descomunal bloque de apartamentos Check Bo House, se transforman en un rumor, casi casi en una áspera música que acuna al fatigado Guo Zhao Wun, quien se acuesta rememorando la risueña mirada de Shui Tsei, apenas unos minutos antes, despidiéndose con un gesto al vuelo de la mano; la elegancia de los cisnes en sus dedos y la seducción del cerezo en las uñas… Y, otra vez más, se esconde bajo las sábanas sin tener el valor de decirle, antes de que su negra melena se pierda tras la puerta del apartamento vecino, que su corazón late por ella.



